Claudio Gutiérrez

Con la muerte de Karl Jaspers el mundo ha perdido una de las grandes figuras intelectuales del Siglo XX. Su obra inmensa ha influido en todos los órdenes de la cultura, su herencia moral e inspiradora no menos que su trabajo erudito: aprecio profundo por las vías racionales; veneración por la libertad y el diálogo; pasión por la investigación y el avance del conocimiento; religiosidad profunda, aunque radicalmente depurada; humildad ejemplarizante en la aceptación de una "culpa metafísica" por los sucesos de la Alemania de Hitler ("Pudimos buscar la muerte cuando los crímenes se hicieron públicos... Preferimos permanecer vivos sobre el débil aunque lógico argumento de que nuestra muerte no habría ayudado a nadie").

Pero sobre todo, su obra es un monumento a la racionalidad humana, o mejor a la aspiración del hombre por lograr la racionalidad. Su lucha intelectual es la lucha de la razón "contra sus enemigos en nuestro tiempo" (según el revelador título de uno de sus libros). Su reacción contra el marxismo, el nazismo, el psicoanálisis y pansexualismo, y otras doctrinas pseudocientíficas de la época es la forma principal de su cruzada en pro de la razón. Es su filosofía un NO a todo dogmatismo que pretenda poseer toda la verdad, pues la verdad solo se atisba en el diálogo, la comunicación y el filosofar desde posiciones históricamente limitadas.

Podemos llamar a Jaspers filósofo del ecumenismo. Su gran empresa es la búsqueda de una philosophia perennis como integración de las verdades parciales de todos los sistemas filosóficos. Para él, la razón es una sola cosa con el deseo de comunicación ilimitada; verdad sin comunicación es lo mismo que falsedad, pretensión de dominio del todo humano desde una de sus pequeñas partes. Dios, eterno, tiene visión de la verdad completa. Los hombres, históricos, buscamos la verdad dificultosamente en la comunicación. Los obstáculos de la comunicación son los obstáculos de la verdad. La razón es el ámbito de esa comunicación ilimitada, cuya fuerza motora es el amor que acerca a las personas y las dispone al diálogo.

Aceptar que estamos limitados y no podemos coincidir en una sola verdad lograda no quiere decir perdernos en la desintegración intelectual. "En el origen era lo Uno", aunque ahora nos sea inaccesible; desde ese origen nos llama a reconstituirle. La verdad una olvidada, imposible de restablecer completa en el tiempo, se hace presente sin embargo como movimiento que lleva a la comunicación. Tampoco el hombre individual puede volverse mejor fragmentariamente: el fundamento del carácter es la unidad del principio interno de la conducta. Unidad por comunicación entre los hombres y unidad por integración de los distintos aspectos de la personalidad: el ideal jaspersiano de salud para la sociedad y para el individuo.

El toque existencial de su idea de racionalidad es que la razón no la considera cosa asegurada: es un proceso de conquista permanentemente renovado. "La razón no existe por naturaleza, es exclusivamente fruto de la decisión". La razón no sobreviene espontáneamente: surge de la libertad y es tan susceptible a extinguirse como la libertad. De ahí que nos pida no dejarla perecer, no permitir que caiga bajo el embate de los dogmatismos. El hombre no es un ser racional: se hace racional, cada vez más, en la existencia concreta de cada día.

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