Elementos de lógica, Claudio Gutiérrez, Costa Rica

Capítulo XIV

Falacias formales y premisas incongruentes

Claudio Gutiérrez

96. Falacias formales

Hemos estudiado en los capítulos anteriores las formas de inferencia, o sea, los pasos y procesos del razonamiento válido. Lo hemos hecho en forma rigurosa, estableciendo reglas que nos permiten ciertas transformaciones. Para completar el cuadro debemos ahora decir que en lógica, contrariamente a lo que rige en el campo de los derechos individuales, lo que no está permitido está prohibido. Solo podemos realizar aquellas transformaciones expresamente autorizadas por las reglas, ninguna otra. Todo movimiento que contravenga las reglas, al igual que en cualquier juego, como ajedrez, damas o fútbol, será una movida inválida; la llamaremos falacia formal. Analizamos al principio de este texto las falacias informales, que dependen totalmente de aspectos no estructurales del lenguaje. Ahora nos toca analizar este otro tipo de falacia, que depende de la existencia de reglas, aunque obtiene también su poder persuasivo de los aspectos no lógicos del lenguaje. El número de las falacias formales es indefinido, pues se pueden quebrantar las reglas de muy distintas maneras. Vamos a indicar a continuación algunas de las más frecuentes y peligrosas, para que los lectores aprendan a precaverse contra ellas.

97. Afirmación del antecedente

Una de las tácticas de inferencia estudiadas, la de separación, nos permite razonar a partir de una proposición condicional y de otra proposición idéntica al antecedente del condicional para obtener la afirmación por separado del consecuente. Así:


Si esta medicina es eficaz, me curo pronto
Es así que esta medicina es eficaz
luego
Me curo pronto
 


Este es un razonamiento perfectamente correcto, como lo hemos visto anteriormente y lo podríamos comprobar de nuevo abriendo la conclusión, introduciendo la segunda premisa y aplicando la regla de promoción sobre el consecuente. Pero existe un "razonamiento" parecido a éste que no es válido y sin embargo nos sentimos inclinados a aceptar como tal simplemente por su parecido superficial con el anterior:


Si esta medicina es eficaz, me curo pronto
Me curo pronto
luego
Es así que esta medicina es eficaz
 


La primera premisa es idéntica a la anterior y tenemos tanta razón para aceptarla como antes; la segunda premisa resultó verdadera puesto que me curé. Pretenderíamos separar el antecedente, pero no hay ninguna posibilidad de hacerlo de acuerdo con nuestras reglas. Si me he curado, es perfectamente posible que haya sido por cualquier otra razón que no tenga nada que ver en absoluto con que la medicina sea o no eficaz. Sin embargo, la fuerza psicológica del parecido de esta falacia con el argumento válido anterior puede confundirnos y llevarnos a afirmar el consecuente con una pretendida fuerza lógica.

98. Negación de lo no afirmado

Otra forma de razonamiento válido es ésta:


O la sociedad o el delincuente son culpables
Es así que no lo es la sociedad
luego
El delincuente es culpable
 


Por táctica de separación podemos demostrar que es válida. Tendría aplicación si nos constara que la sociedad está tan bien organizada que no fomenta o instiga al crimen en ninguna forma. Pero muy frecuentemente tendemos a "razonar" en la siguiente forma:


O la sociedad o el delincuente son culpables
Es así que el delincuente es culpable
luego
La sociedad no es culpable
 


lo que es inválido, por las mismas consideraciones que hacen inválida la falacia anterior.

99. Generalización ilegítima

La falacia de generalización ilegítima se comete con harta frecuencia. Consiste en observar algunos pocos casos en que dos atributos se dan juntos en los mismos individuos, y concluir de ahí que siempre se dan juntos, en todos los individuos. Esta falacia la usan como argumento personas con prejuicios raciales, políticos, o religiosos, como un intento, malogrado ante la mente analítica pero exitoso ante la mente desprevenida, de dar fuerza lógica a su posición. Ejemplo:


Algunos birlandios (1) explotan a sus clientes
luego
Todos los birlandios explotan a sus clientes
 

Todos los intentos que se hagan para probar esta conclusión a partir de esta premisa están condenados al fracaso: puedo quitar el cuantificador universal de la conclusión y abrir la premisa en un tablero doble, pero ello no producirá en el tablero fuerte. La estrategia de prueba indirecta tampoco resulta, como el lector puede fácilmente comprobar por sí mismo.

100. Ejemplificación ilegítima

No solo la cuantificación universal mal entendida puede llevarnos a falacias; también la cuantificación existencial cuando se maneja sin cuidado. Así, la siguiente "forma de razonamiento" suele aceptarse sin que tenga fundamento en las reglas:


Algunas organizaciones laicas son sociedades secretas
Algunas comunidades cristianas son organizaciones laicas
luego
Algunas comunidades cristianas son sociedades secretas
 


Este esquema no es válido porque si bien es cierto que puedo abrir una de las disyunciones, digamos la segunda premisa, la restricción de la regla de disyunción me impide abrir la otra cuantificación mientras no haya cerrado la primera (2). La lógica tradicional decía en este caso que "de dos premisas particulares no se sigue nada". La fuerza de esta falacia sería nula sin la colaboración pasional de prejuicios y dogmatismos de diversa índole.

101. Ausencia de enlace

Otro caso de falacia formal ocurre por la ausencia de enlace dentro de silogismos. Por ejemplo, cuando ambas premisas son negativas:


Ningún amigo devuelve los libros
Algunos vecinos no son amigos
luego
Algunos vecinos devuelven los libros
 


Como se ve, el término común que debería servir de enlace entre las dos premisas está negado en ambas, y no pueden actuar como "gemelas en el espejo" para aplicar la regla de separación. La lógica tradicional decía aquí que "de dos premisas negativas no se sigue nada".

Muchos otros casos de la falacia de ausencia de enlace eran tratados por la lógica clásica bajo diversos nombres y normas, pero para nosotros pueden todos considerarse como casos de esta anomalía. He aquí dos ejemplos más:


Todo es
Ningún es
luego
Ningún es
 



Todo es
Todo es
luego
Todo es
 


102. Persuasión y falacias

Es interesante preguntarse de dónde les viene a las falacias su fuerza persuasiva; es decir, cuál es la razón psicológica que hace a muchas de las falacias expuestas parecer más "evidentemente válidas" que el siguiente silogismo perfectamente correcto:


Ningún mortal es perfecto
Algún ser perfecto es hombre
luego
Algún hombre no es mortal
 


La razón parece ser diferente, según dos casos: las falacias de generalización o existencial se explican fundamentalmente por las pasiones de los hombres, que buscan condenatorias fáciles para sus enemigos o para las personas diferentes del grupo a que pertenecen. Sin la concurrencia de esas pasiones, las falacias de este tipo serían incapaces de conllevar ningún poder persuasivo. El otro caso lo ofrecen falacias como las de afirmación del antecedente o negación de lo no afirmado, y también las falacias silogísticas de falta de enlace. En este segundo caso existen en el "razonamiento" no uno, sino dos defectos de forma que alejan el esquema de la estructura válida: no solo faltan los gemelos en el espejo que harían posible aplicar táctica de separación; también hay disparidad entre uno de los elementos de la conclusión y uno de los elementos de la premisa, pues son gemelos en el espejo y deberían ser fórmulas idénticas. Un error disimula al otro, y el esquema parece válido.

Es por esta razón que si tomamos el primer silogismo y le corregimos cualquiera de sus dos errores ya no nos parece tan convincente como en caso de que los dos errores se den conjuntamente:

Ningún amigo devuelve los libros
Algunos vecinos son amigos
luego
Algunos vecinos devuelven los libros
 

Ningún amigo devuelve los libros
Algunos vecinos no son amigos
luego
Algunos vecinos no devuelven los libros
 
Estas dos semifalacias (cada una tiene la mitad de los errores de la falacia original) ya no engañan a nadie; con solo leerlas vemos que ahí no puede haber razonamiento, pues la conclusión "va en otra dirección" que las premisas. Sin embargo, son "menos inválidas", si podemos hablar así, que las anotadas antes. El lector puede hacer el mismo experimento con las otras falacias y comprobar que el corregirlas parcialmente las hace menos y no más convincentes.

103. Incongruencia de premisas

La validez de un razonamiento no es suficiente para afirmar que la conclusión a que hemos llegado es verdadera. Como explicamos en la introducción, una cosa es que el proceso por el que pasamos de las premisas a la conclusión sea correcto y otra muy distinta que haya verdad en el punto de llegada; para que esto sea así debe haber también verdad en el punto de partida. El silogismo válido que consignamos en la sección anterior, por ejemplo, tiene conclusión falsa, a pesar de ser perfectamente correcto. La razón de que esto sea así es que una de las premisas, la segunda, es falsa.

Debemos pues tener buen cuidado de no aceptar o proponer premisas de cuya verdad no estemos suficientemente seguros. Para resguardarnos, debemos hacer las averiguaciones del caso en los archivos, en la biblioteca, en donde sea necesario, para comprobar que los datos o información que nos sirven de base son verdaderos. Algunas veces, sin embargo, no es preciso realizar ninguna averiguación: sabemos que la premisa es verdadera "por definición", tal y como se explicó en el capítulo VI. Debemos ahora agregar que muchas veces tampoco es necesario hacer investigación alguna para decidir que alguna premisa es falsa: se da esto si las premisas son incongruentes entre sí, o sea, si una niega lo que la otra afirma.

Vimos en el capítulo XII que puede haber contradicción entre las premisas y una pretendida conclusión (con lo que queda demostrada la proposición contradictoria de la conclusión mediante reducción al absurdo). Agregamos ahora que la técnica de reducción es a veces aplicable a las premisas mismas, sin necesidad de hacer intervenir la tesis que se quiere atacar. Si logramos mostrar que nuestro oponente se contradice en las premisas mismas, habremos alcanzado un triunfo dialéctico enorme; será como destruir sus armas sin que hayan tenido oportunidad de usarse. Es pues muy conveniente hacer esa prueba, si es conducente. Pero además es indispensable porque si le permitimos al contrincante seguir adelante con premisas incongruentes le damos ocasión de probar cualquier cosa y de hacerlo válidamente. Veamos un ejemplo para entender por qué:


O bien hay más justicia social o bien hay desarrollo a corto plazo, pero no las dos cosas
O bien hay más justicia social o bien hay desarrollo a largo plazo, pero no las dos cosas
O bien hay desarrollo a corto plazo o bien hay desarrollo a largo plazo, pero no las dos cosas
luego
No hay desarrollo a corto plazo ni a largo plazo
 
 
 
 

La conclusión es obviamente falsa, suponiendo verdaderas las premisas, puesto que es la imagen en el espejo de la primera parte de la tercera premisa; no obstante, puede probarse válidamente a partir de las premisas. Veamos; comencemos por abrir la premisa sospechosa:

 
 
           

 
 

Introducimos algunas premisas apropiadamente
 


en cada uno de los dos espacios gemelos aplicamos dos veces
separación seguida de conjunción.
 


Promovemos por compactación al patio principal y quitamos el gancho de conjunción. Ahora podemos separar tanto como con ayuda de la premisa restante y conjuntarlas como la conclusión deseada.



Pero ahora que sabemos que las premisas pueden generar una contradicción, comencemos por pedir una conclusión arbitraria y su gemela en el espejo, por ejemplo "todos debemos suicidarnos inmediatamente", que representaremos por y :

 
 
 

 
 
Procedemos como en la demostración anterior, pero dentro del espacio secundario superior

 

 

hacemos como arriba.


 

Promovemos por compactación.

 

 
que nos permite
finalmente promover la conclusión ridícula del suicidio universal.



Para defendernos de estos curiosos razonamientos válidos debemos atacar las premisas directamente las cuales, ellas mismas, contienen una contradicción. Debemos tomarlas, con independencia de toda conclusión y reducirlas al absurdo. Para ello haremos las operaciones consiguientes, tratando de derivar, en el espacio principal, no una conclusión específica sino una contradicción cualquiera:

 
 
           
 
 

Introducimos premisas
 

y aplicamos como antes separación y conjunción.
 

Promovemos y se genera la contradicción buscada.





Demostrada la incompatibilidad de las premisas, el contrincante quedará desarmado y sobre él recaerá el mayor oprobio que puede temer un lógico: haber hablado de manera incongruente.


Nota 1: Naturales de Birlandia.

Nota 2: Véase sin embargo lo comentado en la sección 67.

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