Cualquiera que
se haya interesado por la ciencia militar, o por lo menos por el juego de ajedrez o el fútbol,
tendrá alguna noción de los conceptos de "táctica" y "estrategia". Antes de usarlos nosotros,
tratemos de aclarar cada uno en comparación con el otro.
Hay una diferencia muy
importante entre táctica y estrategia: a la táctica no le interesa ninguna meta en particular, ningún
modelo a realizar; no busca ninguna conclusión. Simplemente nos dice lo que se puede hacer a
partir de ciertos materiales. En cambio, la estrategia es eminentemente finalista:
le interesa una meta a lograr, el modelo a imitar. Una vez que se percibe bien lo que se quiere lograr, se
consideran los materiales de que se dispone, lo mismo que las tácticas o instrumentos con que se
cuenta. Con ello se traza un camino a proseguir para llegar al fin perseguido. Si tenemos
imaginación y el problema tiene solución, siempre podremos conseguir nuestro objetivo. No
obstante, conviene considerar la posibilidad de que el camino a seguir sea uno de ciertos
caminos pavimentados que debemos tener muy presentes. Son los tipos de estrategia que la
tradición de la lógica nos ofrece. Aunque podemos resolver los problemas usando sólo reglas o
aplicando tácticas, es mucho más fácil hacerlo empleando uno o varios de los tipos de estrategia
reconocidos. Esto no evitará algún uso de la imaginación; pero será menor que si no
empleáramos para nada los principios estratégicos.
Aun cuando todavía no hemos formulado
todas las reglas de inferencia que necesitamos en nuestras deducciones, tenemos sin embargo un
suficiente arsenal de tácticas para que podamos comenzar a aplicarlo en problemas interesantes.
Podemos, pues, comenzar ya a estudiar estrategia. Comenzaremos por la estrategia
directa, dejando la indirecta para cuando hayamos completado la lista de nuestras
reglas.
79. La lógica como juego
El proceso de
deducción puede muy bien considerarse como un juego de mesa. Al jugador se le pide resolver un
problema, aplicando las "reglas del juego", y si lo resuelve entonces gana. El juego es de
paciencia, para un jugador solamente, como el "solitario" de los naipes. Nada impide, sin
embargo, que dos jugadores o más traten de resolver el mismo problema, y el que lo resuelva
primero, o en menos jugadas, sea el ganador. El problema que constituirá cada partida deberá
tener como datos los siguientes: unas cuantas fórmulas que llamaremos premisas, el
punto de partida; las colocamos en un tablero que llamaremos principal, de verdad máximamente
fuerte (verdad no sujeta a ninguna condición); y una fórmula que es el modelo o meta del juego,
y que debemos tratar de construir. Podemos colocarla en el tablero principal, pero dentro de un
encierro para recordar que no podemos usarla como "material de construcción", como el plano de
un edificio se coloca en algún lugar del edificio en construcción para ser consultado por el
maestro de obras. A esa fórmula la llamaremos conclusión. El juego consistirá en
transformar el material disponible de tal manera que en el tablero principal se produzca una
fórmula igual al modelo. Al final habrá quizá en el tablero principal más fórmulas que la
conclusión, pero tiene que estar esta para que el juego se considere ganado.
80. El silogismo simple
El primer tipo
estratégico que vamos a explicar tiene una historia distinguida que arranca de la Antigüedad; se
llama silogismo. Consiste en dos premisas condicionales, como tales reducibles a
disyunciones, que tienen un elemento común; ese elemento común sirve de puente o enlace para
integrar otros dos elementos en una nueva proposición, la conclusión. Nuestro primer ejemplo
será un silogismo simple, llamado así porque no contiene cuantificaciones. Es el
siguiente:
Si respetamos la ley, habrá progreso Si hay progreso, habrá
bienestar luego Si respetamos la ley, habrá bienestar
La reflexión estratégica nos hace ver que la conclusión es una disyunción y en
consecuencia, es razonable pensar que nuestro último paso para formarla deberá ser cerrar
una disyunción, y nuestro primero, abrir una disyunción. Como tenemos de
premisas dos disyunciones, y cada una de ellas tiene un miembro igual a un miembro de la
conclusión, dará lo mismo abrir cualquiera de ellas. Por ejemplo, la primera:
Uno de los espacios del tablero doble, el superior, contiene ya lo que debe
contener en el momento de cerrar la disyunción; debemos pues concentrarnos en el otro espacio,
donde está la "" pero quisiéramos tener una "". En este momento debemos comenzar a usar la otra
premisa, y para ello tenemos que introducirla en el marco que contiene la "" a fin de que interactúe con ella:
Hasta ahora lo único que hemos hecho es aplicar directamente las reglas, siguiendo
intuiciones elementales sobre lo que es obvio hacer. Pero en este momento procede aplicar la
táctica de separación, pues tenemos un caso claro de modus ponendo ponens en el
espacio inferior. Aplicada la táctica de conformidad con lo explicado en la sección 75, obtenemos la "" donde la queríamos, haciéndole compañía a "" en un doble tablero. Cerramos una disyunción tomando una proposición de cada espacio del
tablero doble y formamos en el tablero principal la conclusión que buscábamos, "".
81. El silogismo cuantificado
Los
silogismos pueden tener premisas y conclusión cuantificadas; sin embargo, la estrategia para
resolverlos es muy similar a la del silogismo simple, sobre todo si la cuantificación es universal
en todas las proposiciones:
Todo país que progresa es esforzado Ningún país en que los ciudadanos esperan
todo del Gobierno es esforzado luego Ningún país en que los ciudadanos
esperan todo del Gobierno progresa
Lo primero que hacemos es quitar las conjunciones de las dos premisas, con lo que
desaparecen las "", de acuerdo con la restricción
estudiada en la sección 77. A continuación aplicamos
la estrategia del silogismo simple, comenzando por abrir una cualquiera de las premisas; después
de aplicar táctica de separación cerramos la disyunción, con el resultado "". La diferencia entre esto y la conclusión es que
la última tiene un cuantificador universal. La premisa, en cambio, es una cuasi-proposición que
afirmamos como verdad fuerte, puesto que está en el tablero principal. En consecuencia,
perfectamente podríamos ponerle un cuantificador universal, con lo que ganaríamos la partida al
quedar asimilada una premisa al modelo de la deducción. Pero para poder hacer esto
necesitaríamos una regla más. Para no agregarla, preferimos aclarar que la regla de la conjunción
se aplica también dentro del espacio virtual de la conclusión, lo cual es enteramente razonable,
pues demostrar una proposición conjuntiva es lo mismo que demostrar cada una de sus partes por
separado (1).
82. El silogismo existencial
Otro tipo de
silogismo cuantificado es el silogismo donde figuran generalizaciones existenciales. Por ejemplo:
Nadie que promete lo que no puede cumplir es sincero Algunos políticos prometen
lo que no pueden cumplir luego Algunos políticos no son sinceros
Como paso preliminar quitamos el cuantificador universal de la primera premisa.
Vemos enseguida que la otra premisa y la conclusión son ambas proposiciones existenciales. El
último paso de nuestra estrategia deberá ser, entonces, cerrar una cuantificación existencial y
nuestro próximo paso el abrirla. Abrimos pues la cuantificación existencial, con el siguiente
resultado:
Seguidamente quitamos la llave de conjunción en el espacio secundario,
introducimos la otra premisa en dicho espacio, y estamos listos para aplicar la táctica de
separación, dada la coexistencia de "" y
"" en el mismo marco:
Tenemos ahora en el
mismo marco a "" y a "", que podemos unir aplicando táctica de composición.
Al cerrar la cuantificación existencial ganamos la partida.
Existen muchos
otros
silogismos, formados por diversas combinaciones de proposiciones categóricas. Sus
demostraciones son todas
muy semejantes a las anteriores.
Es importante anotar que algunos de los
silogismos tenidos por válidos en la lógica tradicional no son tales para la lógica moderna. La
razón está en que la lógica tradicional trabaja bajo la hipótesis del contenido existencial
mencionada en la sección 69. Por ejemplo, el siguiente
silogismo tradicional:
Ningún es ; todo es ; luego: algún no es
Trátese de probarlo y se verá que no es
posible. En cambio, añadiendo la hipótesis de contenido existencial, "existe un " como premisa adicional, el razonamiento se hace válido y
es posible probarlo mediante nuestro método.
83. El dilema débil
El segundo tipo de estrategia directa que vamos a explicar, el dilema, tiene también
una historia ilustre que arranca de la Antigüedad. Se considera al dilema como uno de los recursos
persuasivos más poderosos que hay, fama debida a la claridad y elegancia de este argumento. Se
caracteriza por tener tres premisas, una de ellas disyuntiva, y las otras dos condicionales; y por el
hecho de que los miembros de la disyunción son a su vez los antecedentes de los condicionales.
El dilema débil culmina en una disyunción; el dilema fuerte, en una afirmación simple. Veamos
primero el dilema débil:
Si se sube el impuesto sobre la renta se desalienta la inversión Si se sube el
impuesto de ventas se desalienta el consumo O bien se sube el impuesto sobre la renta o bien
se sube el impuesto de ventas luego O bien se desalienta la inversión o bien se
desalienta el consumo
Como la conclusión es disyuntiva, el último paso de la deducción deberá ser cerrar una
disyunción; en consecuencia, el primero será abrir una. Siendo así que tenemos tres disyunciones
como premisas, podemos iniciar el juego de tres maneras diferentes; todas llevan al mismo
resultado. Tomamos el camino que nos parece más natural, a saber, abrir la disyunción en que
están los dos antecedentes; acto seguido introducimos las otras dos premisas en los espacios
gemelos, de manera que cada condicional quede en el espacio donde figura su antecedente como
fórmula independiente:
Tendremos entonces dos oportunidades, una en cada espacio, de aplicar la táctica de
separación, logrando así separar "" arriba y "" abajo.
Tomando estas dos fórmulas y cerrando con ellas una disyunción,
ganamos la partida.
84. El dilema fuerte
Se diferencia del
anterior en que el consecuente de las dos premisas condicionales es idéntico; ello permite
afirmarlo por sí solo en la conclusión:
Si se sube el impuesto sobre la renta habrá descontento Si se sube el impuesto de
ventas habrá descontento O bien se sube el impuesto sobre la renta o bien se sube el
impuesto de ventas luego Habrá descontento
Comenzamos aplicando la misma estrategia del dilema débil:
Pero en cada espacio obtendremos la misma fórmula
lo cual nos permite aplicar la regla de promoción en su primera variante
y declarar ganada la partida.
85. El polisilogismo
Estos dos tipos de estrategia, el silogismo y el dilema, pueden usarse varias veces en la
solución de un solo problema; o usarse combinados entre sí, según las necesidades. Es decir,
puede haber una estrategia múltiple de carácter polisilogístico, polidilemático, o
silogístico-dilemático. Veamos algunos ejemplos. Ante todo, un polisilogismo, cuya estrategia formal es
muy semejante a la del dilema, como fácilmente se reconocerá:
Todo impuesto regresivo disminuye el ingreso de las masas. Toda disminución del
ingreso de las masas reduce la capacidad social de compra. Toda reducción de la capacidad
social de compra produce un efecto depresivo en la economía. luego Todo
impuesto regresivo produce un efecto depresivo en la economía.
Eliminados los cuantificadores universales de todas las fórmulas se hace patente un
razonamiento en cadena:
abrimos la disyunción central
introducimos
usamos modus ponens
cerramos la disyunción
y hemos ganado la partida.
Nótese el parecido estructural entre el
polisilogismo y el dilema débil que hemos estudiado más
arriba.
86. Estrategia mixta
Las distintas estrategias
que hemos mostrado pueden usarse en combinación. El siguiente es un ejemplo del resultado de
combinar el silogismo con el dilema:
Toda alza en el impuesto de la renta reduce los ingresos de los empresarios Toda
reducción de los ingresos de los empresarios contrae la demanda social. Toda alza en el
impuesto a las ventas contrae la demanda social. O bien hay un alza en el impuesto a las
ventas o bien lo hay en el de la renta. luego Hay contracción de la demanda
social.
Las dos primeras premisas integran un silogismo con conclusión "". Resuelto este silogismo, nuestro problema se
transforma en un dilema fuerte, complicado por dos cuantificaciones existenciales:
abrimos la disyunción que contiene cuantificadores
introducimos
abrimos existencial superior e introducimos
modus ponens:
cerramos existencial:
misma estrategia abajo:
promoción:
¡y ganamos partida!
87. Premisas tácitas
No siempre sucede que el lenguaje ordinario nos dé todas las proposiciones que integran un
razonamiento. Muchas veces se omiten algunas, porque quien habla o escribe supone que el que
oye o lee las suministrará él mismo, por tratarse de proposiciones evidentemente verdaderas. El
polisilogismo que analizamos anteriormente, por ejemplo, puede formularse con premisas tácitas
(que quiere decir "calladas") de la siguiente manera:
Todo impuesto regresivo disminuye el ingreso de las masas. luego Todo
impuesto regresivo produce un efecto depresivo en la economía.
Igualmente, el silogismo-dilema que ilustró la
estrategia mixta podría formularse entimemáticamente (es decir, con premisas tácitas) de esta
manera:
Toda alza en el impuesto de la renta reduce los ingresos de los empresarios. O bien hay
un alza en el impuesto a las ventas o bien lo hay en el de la renta. luego Hay
contracción de la demanda social.
En todos estos casos, lo que
procede hacer antes de cualquier otra cosa es poner explícitamente lo que se asume de manera
tácita. Sólo cuando estemos razonablemente seguros de que tenemos todas las proposiciones
"sobre la mesa" debemos comenzar el análisis del razonamiento.
NOTA 1: En cambio, no podríamos permitir que dentro del espacio
virtual de la conclusión se puedan crear tableros dobles, puesto que esto nos posibilitaría
debilitar la conclusión, y una premisa débil podría igualarse a una conclusión fuerte
mediante este procedimiento enteramente ilegítimo.