
Los argumentos más sofisticados en contra del programa reduccionista NOTA 1 [de la psicología a la neurobiología] se basan tanto en la psicología popular como en la científica y por lo general incluyen un análisis de las categorías psicológicas populares lo mismo que una teoría empírica sobre la naturaleza general de la información y del procesamiento de información en el cerebro-mente. El tema dominante tiene tres movimientos:
hay categorías de psicología popular básicamente correctas en su caracterización de los estados mentales;
estas categorías delimitan estados intensionales y procesos lógicos, y aparecen principalmente tanto en la investigación como en el desarrollo de las teorías de la ciencia de la mente;
estas categorías, fundamentales para el nivel de descripción psicológico, no se reducen a categorías del nivel de descripción neurobiológico.
Para la mayoría de las variantes en este tema antirreduccionista, la metáfora computacional es importante, por numerosas razones. Una es que, en el caso de las computadoras, se puede dar un sentido bastante claro de la noción de niveles de descripción. Se puede considerar que la máquina tiene tres niveles básicos de descripción: el nivel semántico, el nivel sintáctico y el nivel de mecanismo. A nivel semántico se puede describir que la máquina tiene (por ejemplo) ciertas metas, computar una raíz cuadrada, sacrificar una torre NOTA 2, inferir de las premisas una conclusión. A nivel sintáctico, se describe la naturaleza del código, su sistema simbólico, sus principios de accesibilidad, etc. El nivel de mecanismo se refiere a la naturaleza de la arquitectura de la máquina, por lo tanto a sus capacidades y constreñimientos físicos. Desde este punto de vista, una teoría del procesamiento de información cognoscitiva es una teoría de la dinámica del nivel semántico regulado por las reglas lógicas y por los principios de control del nivel sintáctico. Por el contrario, se supone que la neurobiología no se dirige a ninguno de estos niveles, sino que más bien se concentra en la arquitectura –es decir, en el nivel del mecanismo–. La hipótesis referente a los niveles del cerebro-mente ha matizado mucho la percepción de cuáles estrategias de investigación sean productivas y de si la neurociencia resulta pertinente para la investigación psicológica.
Otra razón de la importancia de la metáfora computacional es que las nociones de manipulación y computación de símbolos están muy bien definidas en la ciencia de la computación, y la hipótesis empírica principal es que la cognición es una especie de computación. Subyacente a esta hipótesis está la idea de que el razonamiento es generalmente el modelo para el procesamiento de información cognoscitiva. Esto significa que la cognición es en gran parte manipulación de símbolos y que las relaciones importantes en el procesamiento de información cognoscitiva son por tanto las relaciones lógicas entre símbolos. La lógica moderna ha proporcionado recursos inmensos para la comprensión del razonamiento en términos de sistemas lógicos: lógica deductiva, lógica inductiva, lógica modal, lógica de decisión teórica, etc. Se argumenta, por lo tanto, que se pueden estudiar los procesos cognoscitivos si se programa una computadora para que acepte las relaciones lógicas pertinentes y de esta manera explorar cuál deba ser la secuencia de manipulación de símbolos para lograr una respuesta compleja como la solución de problemas, el reconocimiento de patrones o el contestar a una pregunta. Los argumentos antirreduccionistas pretenden inflar el contraste fundamental entre operaciones lógicas sobre símbolos, pertinentes cognoscitivamente, y las relaciones causales, improcedentes para el punto de vista cognoscitivo desde las estados físicos de mecanismos de implementación. (Ver especialmente Pylyshyn 1984).
Simplificando: en esta visión la mente es fundamentalmente una máquina serial gobernada por reglas lógicas que operan sobre representaciones semejantes a enunciados. Este enfoque de investigación ha provocado gran interés, en parte porque promete que los recursos poderosos y sistemáticos de la lógica y la ciencia de la computación podrían resolver conjuntamente problemas relacionados con la naturaleza de los procesos internos que intervienen entre entradas y salidas. Por tanto ha logrado atraer a una empresa conjunta a lógicos, filósofos de la mente, investigadores en inteligencia artificial y psicólogos cognoscitivos.
Pretendo mostrar de qué manera fallan los argumentos antirreduccionistas y por qué se debe evitar una ideología aislacionista de investigación. Además, tendré la oportunidad de poner en escena un ataque general a la teoría que identifica cognición con razonamiento y que modela las representaciones de manera general con enunciados. No dudo que algunos procesos internos sean ejemplos de razonamiento, pero sí dudo tanto de que la cognición en general sea razonamiento, como de que símbolos semejantes a enunciados sean por lo general el modo de representación. En lugar de la ideología de investigación aislacionista, recomiendo un enfoque coevolutivo en el que la neurobiología, la psicología y los modelos de computación jueguen un papel principal. En lugar del venerable paradigma de la lógica de enunciados, trataré de bosquejar los lineamientos de nuevos parámetros teóricos en los que representaciones y computaciones se conciban de manera muy diferente.
La idea central del funcionalismo es la tesis de que los estados mentales se definen en términos de sus papeles causales abstractos dentro de un sistema más amplio de procesamiento de información. Un estado mental dado se caracteriza en términos de sus relaciones causales abstractas con referencia a las entradas del medio ambiente, a otros estados internos y a las salidas. El estado de dolor, según esta tesis, es un estado que se caracteriza por sus relaciones causales con la conducta, tales como retorcerse o gritar, por sus relaciones causales con las entradas externas tales como la piel quemada, por sus relaciones causales con otros estados internos tales como el deseo de eliminar el dolor, creencias relacionadas con la fuente del dolor y cómo encontrar alivio, etc. La caracterización de tener la meta de, digamos, encontrar una pareja, sigue un patrón similar: el estado de meta estará conectado con una compleja gama de creencias y deseos, impulsará una amplia gama de planes y acciones, y estará conectado a estados perceptuales, rica y complicadamente.
Por lo general, las clases funcionales se especifican por referencia a sus papeles o perfiles relacionales, no por referencia a la estructura material en que están ejemplificadas. Lo que hace que cierta parte de un motor sea una leva es que, ante una entrada específica, produce una cierta salida, en este caso, elevación de las válvulas, y que puede ser ejemplificado en varios artefactos físicos, como un árbol de levas rotatorio o un implemento hidráulico. Mas humildemente, "ratonera" es una clase funcional, realizable en toda forma de artefactos físicamente diferentes: trampas de resorte, distintas trampas de jaula, un saco de grano que cae al agitarse una cuerda, o hasta un gato o un espécimen de rata asesina. En la especificación "ratonera" no hay nada que diga que tiene que tener un resorte metálico o una caja de madera. Por tanto ser ratonera o leva es una clase funcional, no una clase física, a pesar de que tanto a las ratoneras como a las levas se les ejemplifica por medio de cosas físicas y cada ejemplificación o "caso", es un artefacto físico.
Según el funcionalismo, entonces, estados y procesos mentales son clases funcionales. Los funcionalistas se han aliado con el fisicalismo al afirmar que nuestros estados mentales se ejemplifican en materia neuronal y no, como los dualistas sostienen, en materia espiritual. A un cierto nivel de descripción hablamos de relaciones causales y lógicas entre percepciones, creencias, deseos y conductas y al nivel estructural hablamos de frecuencia de picos de las neuronas, patrones de excitación y otras cosas. El hecho de que las neuronas estén orquestadas del modo que lo están, es lo que permite al sistema tener la organización funcional que presenta, en la que el sustrato físico está subordinado al superestrato funcional. En nuestro caso, la organización funcional que constituye nuestra psicología se produce en los "menudos" neuronales. De modo semejante, es el hecho de que en la computadora los interruptores encendido-apagado estén orquestados de cierta manera lo que permite que sume, saque raíz cuadrada, etc. El programa de computación está hecho de "menudos" electrónicos. Por lo tanto, la teoría funcionalista es tan fisicalista como la que más. Sin embargo, a pesar de sus principios fisicalistas, los funcionalistas han por lo general rechazado el reduccionismo y la neurociencia. ¿Por qué?
En realidad, no es porque los funcionalistas crean que los estados mentales no tengan realización material. Más bien es porque se imaginan que los tipos de estados mentales podrían tener demasiadas realizaciones materiales distintas para que pueda calzar un molde reduccionista. Desde el punto de vista de los funcionalistas, para que una estrategia reduccionista tenga éxito, un tipo de estado mental debe ser idéntico a un tipo de estado físico; pero, argumentan, tales identidades no aparecen. La razón es que una y la misma organización cognoscitiva puede ser producida o encarnada de distintas maneras en distintas materias, lo que ocasiona que no puedan darse relaciones de uno a uno entre los tipos funcionales y los tipos estructurales. Una organización cognoscitiva es como la organización computacional de una computadora que ejecuta un programa: los procesos computacionales son lógicos, o por lo menos coherentes desde el punto de vista semántico, y operan sobre los símbolos en función del significado del símbolo, no en función de su etiología física en la máquina; el mismo programa puede ser corrido en distintas máquinas (Putnam 1967, Pylyshyn 1984). Los funcionalistas nos recuerdan que no hay nada en las especificaciones de una organización cognoscitiva, que diga que el dolor debe estar subordinado a la sustancia P en un conjunto dado de neuronas o que la meta encontrar-pareja deba estar ligada a la testosterona. Esto es, por supuesto, una simplificación, pero el punto principal queda claro.
De modo general es posible imaginar que en otro planeta puedan haber evolucionado seres que, aunque muy distintos de nosotros en estructura física, tengan una organización cognoscitiva semejante a la nuestra. Supongamos, por ejemplo, que su base sea silicio en vez de carbón como nosotros. Para estos animales, tener una meta será funcionalmente como para nosotros tener una meta, pero tal estado no será idéntico a que las neuronas n-m reaccionen de una manera particular, aunque con seguridad el estado de meta esté incorporado en su estructura física. O supongamos que, a su debido tiempo, seamos capaces de construir un robot que tenga las mismas organizaciones funcionales de un ser humano: que tenga metas, creencias, dolor, resuelva problemas, vea y se desplace. Sus entrañas de procesamiento de información serían microchips y no neuronas; por lo tanto su organización cognoscitiva no podría ser idéntica a una organización cognoscitiva neuronal, puesto que no tiene materia neuronal. En vez de ello, su economía cognoscitiva se ejemplificará en materia electrónica. Como veremos, la plausibilidad de estos experimentos sobre el pensamiento depende de una afirmación sumamente sospechosa –a saber, que conocemos en cuál nivel la biología ya no tiene importancia–.
En realidad no es necesario buscar ejemplos ficticios, ya que hay con certeza diferencias neuronales (estructurales), entre estados funcionalmente idénticos en distintas especies. Un equino y un yak pueden ambos sentir dolor o tener la meta de encontrar pareja y, por lo tanto, estar en el mismo estado funcional, aunque los eventos y procesos neuronales subordinados difieran considerablemente. Lo mismo es probablemente cierto de especies más cercanas entre sí, como chimpancés y gorilas. Por otra parte, puede haber diferencias no triviales en detalle estructural entre dos seres humanos en estado funcional idéntico: los eventos neuronales subordinados a mi manera de sumar 29 más 45, pueden no ser los mismos que los del cerebro de un genio en cálculo, un matemático, un niño o un vendedor callejero. En realidad, puede ser que en distintas ocasiones, distintos eventos neuronales tomen parte en mi adición de 29 y 45, dependiendo de lo que haga mi cerebro en ese momento y muchas otras cosas. Sabemos muy bien que dos computadoras pueden estar en el mismo tipo de estado funcional y tener estados estructurales muy diferentes. Por ejemplo, dos computadoras pueden estar ejecutando el mismo programa escrito en BASIC, aunque su hardware y hasta su lenguaje de máquina sean completamente distintos (Fodor 1975).
Para el funcionalista, la identidad de tipos de estado funcional y tipos de estado estructural, es por lo tanto muy poco realista; y dado que la reducción exige tal identidad, tant pis NOTA 3 para la reducción. No se rompen, sin embargo, los principios fisicalistas, porque lo que el fisicalismo exige es que, cada ejemplo de tipo de estado funcional (un ejemplar de este tipo) se lleve a cabo en materia física, y el funcionalista no solo está de acuerdo con esto sino que insiste sobre ello. Se describe a sí mismo entonces como apoyando la identidad ejemplar-ejemplar de estados mentales y estados físicos, pero a la vez negando la identidad tipo-tipo, por lo tanto, negando también el reduccionismo (Putnam 1967, Dennett 1981).
Esta incursión en contra del programa reduccionista se conoce como argumento de ejemplificación múltiple o de realización múltiple. Los estados funcionales son múltiplemente ejemplificables, y el rango de ejecución física es tan disímil que no podemos esperar que forme una clase natural. Aparte de sus implicaciones para la teoría de que los estados mentales son idénticos a los estados cerebrales, desde el punto de vista metodológico el argumento se presenta de la siguiente manera.
Si los estados y procesos mentales son clases funcionales, entonces, para comprender la forma en que los organismos cognoscitivamente orientados resuelven problemas, piensan, razonan y se comportan de manera inteligente, lo que necesitamos comprender es su organización funcional. Una investigación sobre neuronas no va a revelar la naturaleza de la organización funcional, sino solamente algo acerca de la manera en que toma cuerpo la organización funcional –y de ello solo en una clase de ejemplificación–. Se ha argumentado que la neurociencia se concentra en detalles de ingeniería en vez de esquemas funcionales y en ese sentido se aparta del nivel de descripción necesario para contestar preguntas relacionadas con el aprendizaje, la inteligencia, la solución de problemas, la memoria, etc. El conocimiento de las minucias estructurales es, por supuesto, importante para repararlas y en ese sentido la neurociencia tiene importancia médica, pero la teoría estructural no ilumina las hipótesis y los modelos funcionales. En dos platos, no nos dirá cómo trabaja la mente. Por el contrario, la psicología cognoscitiva se concentra en el nivel de descripción adecuado, y en cooperación con la investigación en inteligencia artificial, constituye la mejor estrategia para diseñar una teoría de nuestra economía cognoscitiva funcional. Este es el quid del argumento.
Según Pylyshyn (1980), la tarea de la investigación se puede dividir a lo largo de estas líneas: los científicos cognoscitivos descubrirán la teoría cognoscitiva y los neurocientíficos desenredarán los diseños físicos subyacentes que ejemplifican el "programa" cognoscitivo. En una versión extrema, el científico cognoscitivo –o el filósofo– no necesitan conocer mucho de los detalles del problema funcional, puesto que la forma en que la organización funcional es ejemplificada en el cerebro es de materia totalmente separada e independiente de la forma en que está organizada nuestra economía cognoscitiva. Pylyshyn declara que las preguntas computacionales solo se pueden dirigir a un nivel (funcional) de algoritmos y manipulación simbólica privilegiado. Nos dice, "...al estudiar computación es posible, y en cierto sentido es esencial, separar la naturaleza del proceso simbólico de las propiedades del aparato físico en el que se lleva a cabo".
Desde esta perspectiva, la neurociencia es ajena a las preguntas computacionales de la ciencia cognoscitiva. Lo pertinente son los asuntos relacionados con su ejecución, por ejemplo si un modelo computacional específico realmente se ejecuta en la estructura neuronal. La psicología computacional (funcional) se concibe como ciencia autónoma, con vocabulario propio y su propio dominio de preguntas, cuyas respuestas, "...le son dadas sin consideraciones a las propiedades materiales o de hardware de la máquina en que se ejecutan estos procesos". Es posible inclusive sugerir que cuanto menos se conozca sobre las bombas y poleas reales de la organización de la vida mental, mejor; porque habrá menos impedimentos para la investigación orientada funcionalmente.
Es dudoso que alguien sustente la versión extrema de esta ideología de la investigación, pero versiones moderadas han logrado captar simpatía y algunas veces los programas de ciencia cognoscitiva permiten o fomentan el abandono de la neurociencia, sobre la base de la autonomía de la psicología. No puedo calcular la influencia de esta posición, pero algunos filósofos acostumbran excusar a los colegas que toman en serio la neurociencia, como si no hubieran logrado dominar la distinción entre descripciones funcionales y estructurales. Hay que tomar en serio el punto metodológico porque el funcionalismo es la teoría de la mente actualmente dominante, adoptada tanto por filósofos como por muchos científicos cognoscitivos.... Yo me uno a quienes discrepan de ella porque pienso que el argumento antirreduccionista y la ideología de la investigación que respalda son teóricamente injustificables y para colmo pragmáticamente imprudentes. Trataré de mostrar el por qué.
En la posición antirreduccionista comentada hay dos fuentes de error principales. La primera se refiere a las hipótesis subyacentes acerca de la naturaleza de la reducción interteórica; la segunda al concepto de niveles –cuántos hay, su naturaleza, su descubrimiento y sus interconexiones–. Vamos a considerarlas una por una.
Pareciera que los funcionalistas asumen que la reducción interteórica no puede darse a menos que las propiedades de la teoría reducida se lleven a cabo de manera única en la sustancia física. Esta hipótesis es crucial en el argumento contra la reducción y es lo que mantiene a flote la exigencia metodológica de la autonomía de la psicología cognoscitiva. ¿Se justifica esta hipótesis?
Una forma de probar esta exigencia es ver si choca o concuerda con los casos paradigmáticos de reducción en la historia de la ciencia. La "temperatura" es un predicado de la termodinámica y conforme las teorías molecular y termodinámica evolucionan conjuntamente, se encuentra que la temperatura de los gases puede reducirse a la energía cinética media de las moléculas que la constituyen. Esto significa que una versión corregida del ideal clásico de las leyes del gas se deriva de la mecánica estadística en conjunto con ciertos supuestos. Varios detalles de este caso son pertinentes. Nótese que lo que se redujo no fue la temperatura per se, sino la temperatura de un gas. La temperatura de un gas es energía cinética media de las moléculas constitutivas, pero no se dice nada sobre la temperatura de un sólido; la temperatura del plasma no es asunto de energía cinética de las moléculas, porque el plasma es un estado de gran energía que está formado no por moléculas sino por átomos disociados; la temperatura del espacio vacío incorporada en su radiación electromagnética impermanente, también es distinta.... Y quizás haya estados no descubiertos aún para los cuales la temperatura se describa de otra manera. La reducción inicial en termodinámica se refería a cierta clase de fenómenos, es decir, gases, pero fue una reducción bona fide a pesar de ello. Tampoco se considera esta relatividad a un dominio como base para decir que la termodinámica es una ciencia autónoma, independiente y separada de la física. Por el contrario, la coevolución de la física de las partículas y de la termodinámica es de primera importancia tanto para la física como para la termodinámica.
Sin embargo, si prestamos atención a la hipótesis funcionalista en cuestión, deberíamos rehusar el sello de la reducción con base en que la temperatura debe ser una propiedad funcional que se realiza múltiplemente en estructuras físicas distintas. No obstante, esto parece meramente una recomendación verbal sobre cómo llamar a las reducciones en el caso en que los predicados en la teoría de la reducción sean relativos a ciertos dominios. Como tal, no significa nada sobre la derivación de una teoría de la otra ni sobre la autonomía de las ciencias. No implica grandes estricteces metodológicas acerca de lo que es o no es pertinente para la teoría "funcional". Como recomendación semántica, no se presenta a mayores objeciones, pero tampoco tiene utilidad evidente.
Desde el punto de vista dialéctico, al funcionalista no le hace ningún bien negar la reducción en termodinámica, porque entonces pierde la base para decir que la psicología se encuentra en situación totalmente diferente del resto de las ciencias.
Después de todo, si la psicología no está peor que la termodinámica, el reduccionista puede sentirse contento. En todo caso, los requisitos para una reducción de la psicología no pueden ser más estrictos que los de la reducción interteórica en cualquier otro campo de la ciencia....
El punto principal del ejemplo de la termodinámica es que las reducciones pueden ser reducciones en relación con un dominio de fenómenos. A pesar de que a esto el funcionalista lo llama "ejemplificación múltiple" y lo envuelve en negro, en el resto de la ciencia es visto como parte de los asuntos normales. Por analogía con el ejemplo de la termodinámica, si el cerebro humano y el cerebro electrónico disfrutan ambos de cierto tipo de organización cognoscitiva, lograremos dos reducciones relativas a clases distintas. O podremos encontrar, con el paso del tiempo, después de mucha coevolución de las teorías, una versión reductiva de, por decir algo, el propósito o el dolor en los vertebrados, una distinta versión para los invertebrados, etc. El mero hecho de que haya diferencias en el hardware no tiene ninguna consecuencia en si la psicología de los seres humanos se puede explicar en términos neurocientíficos, si la construcción de teorías psicológicas se beneficia de la información neurocientífica, o si la psicología es una ciencia autónoma e independiente. El que las reducciones sean relativas a un dominio no significa que sean seudorreducciones o reducciones frustradas, ni tampoco que la psicología pueda justificar su aislamiento metodológico de la neurociencia.
Aunque dos volúmenes de un mismo gas tengan la misma temperatura, la velocidad de distribución de sus moléculas constitutivas será muy diferente aun cuando su valor medio sea el mismo. Para ser congruente, el funcionalista debería negar también el éxito reductivo a la mecánica estadística, puesto que la temperatura del gas se produce en forma distinta en los dos casos. Si se quisiera, en cambio, aceptar la reducción aquí pero negar su posibilidad en la psicología, se necesitaría hacer algo más que predecir diferencias de hardware entre especies o entre individuos.
Si resultara que tenemos la suerte de lograr una reducción (relativa a un dominio) de la psicología humana a la neurociencia, ¿qué significaría esto para la tesis de que las clases mentales son clases funcionales? Nada, porque esta tesis es independiente del argumento antirreduccionista, y se sostiene sobre sus propios pies cuando falla el argumento de la ejemplificación múltiple. La tesis de que los procesos mentales se identifican de acuerdo con sus roles causales abstractos en el sistema más global de procesamiento de información es el concepto central que hace del funcionalismo funcionalismo, y es totalmente neutral para el asunto de la posibilidad de reducción. Los funcionalistas pueden ser totalmente neutrales con respecto al asunto de la reducción. Los funcionalistas pueden ser funcionalistas convencidos sin negar la reducción. Sin embargo, el funcionalismo vivito y coleando es otra cosa. Con frecuencia los funcionalistas han deseado conseguir un paquete: la caracterización funcional de los estados mentales, la imposibilidad de reducción de la psicología, y la autonomía (hasta cierto grado) de la psicología de ciencias más básicas. Como resultado, el término "funcionalismo" se asocia típica, aunque inapropiadamente con todo el paquete.
El punto de esta sección ha sido muy general: las reducciones interteóricas no están condicionadas a un mapeo uno a uno de predicados de teoría del nivel más alto, con los predicados de la teoría reducida. Puede ser que los antirreduccionistas concedan el punto general, pero sigan argumentando que los detalles del caso en cuestión descartan la reducción. Argumentando así procederán a señalar las diferencias radicales entre el nivel neuronal de explicaciones y el nivel funcional-computacional, y también que la multiplicidad de ejemplificaciones de los predicados psicológicos pueden ser tan profusas, diversas y arbitrarias, que el caso no se pueda comparar con el ejemplo mecánico estadístico-termodinámico. Es decir que declaren que el caso de la psicología es especial.
No todo es discutible en la afirmación antirreduccionista de que tiene que haber un conjunto de niveles de organización. Una teoría sobre los cambios celulares y sinápticos que ocurren durante el aprendizaje resulta más fina que una teoría sobre cómo aprende una red interactiva, que a su vez será más fina que una teoría sobre cuáles estructuras anatómicas promueven el aprendizaje, que será todavía más fina que una teoría que postule mecanismos de codificación, mecanismos de recuperación, etc. Lo discutible es la afirmación de que el modelo de tres niveles, adecuado a las computadoras de Von Neumann sirve también para los cerebros orgánicos. Está también fuera de discusión el que haya división de labores; desde Bacon, nadie puede reclamar todo el conocimiento. En realidad, desde Helmholtz nadie puede siquiera reclamar toda la neurociencia. Lo lamentable es la fragmentadora ideología de la investigación basada en el modelo de los tres niveles.
Como hemos visto, la hipótesis que se basa en la analogía con la computadora supone que la mente- cerebro tiene tres niveles de organización: el semántico, el sintáctico y el mecánico –nivel de contenido, nivel del algoritmo y nivel de la realización estructural–. El problema principal de la metáfora computacional es que con base en la complejidad que sabemos existe en el cerebro, se hace evidente que hay muchos niveles de organización entre el de más arriba y el de la dinámica intracelular. Aunque hubiera solo tres, la teoría neurobiológica desafía esta forma de especificar su descripción organizacional. Cuántos niveles haya y cómo deban ser descritos, no es algo para decidir previo a la teoría empírica. Antes de la teoría, tenemos solo corazonadas rudas y fáciles –y sobre todo prestas a revisión– sobre lo que constituya un nivel de organización.
Como primera aproximación, podemos distinguir los siguientes niveles de organización: la membrana, la célula, la sinapsis, la asociación de células, el circuito, la conducta. Dentro de cada nivel se pueden distinguir sustratos más profundos. Sin embargo, si las neuronas están organizadas en módulos, y cada una de ellas juega un papel en varios módulos procesadores de información, y si los módulos mismos son miembros de unos "metamódulos" de rango superior, con membresía nuevamente distribuida y diversa, o si algunas asociaciones de células o módulos tienen membresía o existencia temporal, entonces encontraremos una descripción de niveles ortogonal a la primera.
Otra manera cercana y preliminar de demarcar un nivel es caracterizarlo en términos de los métodos de investigación usados. Ciertamente es una forma tosca de definirlos, pero puede ser útil hasta que la investigación nos proporcione suficiente luz para conocer lo que realmente son los niveles. Por ejemplo, al investigar el aprendizaje y la memoria podemos percibir muchos métodos distintos que, comparados el uno con el otro, son más o menos finos....
Simplemente no vale la pena encaminar la investigación en términos de la analogía de computación de tres niveles, ni tampoco forzarla para que calce cumple un propósito útil. Además, en cada uno de los niveles de investigación es posible encontrar preguntas acerca de la naturaleza de la capacidad, preguntas concernientes a los procesos subordinados a la capacidad y al asunto de la ejecución física. El punto es que, aun a nivel de la investigación celular, es posible ver la célula como unidad funcional con cierto perfil de entrada-salida, con dinámica especificable y con ejecución estructural en algunas proteínas u otras estructuras celulares.
Lo que esto significa es que uno no puede imponer al cerebro una distinción monolítica entre función y estructura, y luego encargar la función a los psicólogos y la estructura a los neurocientíficos. Relativamente a un nivel inferior de investigación, es posible considerar que la investigación del neurocientífico es funcional; y relativamente a un nivel superior, estructural. Por ejemplo, el trabajo de Thompson sobre perfiles de respuesta multicelulares en el hipocampo se puede considerar estructural en relación con el trabajo de Squire sobre la capacidad de reconocimiento de seres humanos amnésicos, pero a la vez funcional en relación con el trabajo de Lynch sobre la plasticidad de la morfología sináptica. La distinción estructura/función, es una distinción relativa, no absoluta y aun considerándola como tal, es tan imprecisa que no sirve para apoyar una ideología de investigación generalizada.
Además, simplemente no sabemos a qué nivel de organización es posible asumir que la ejecución física puede variar mientras que las capacidades permanecen siendo las mismas. Para resumir, podría ser que si tuviéramos una neurobiología cognoscitiva integral, encontráramos que para construir una computadora con las mismas capacidades del cerebro humano, tendríamos que usar como elementos estructurales cosas que se comporten como neuronas.... Sin embargo, de conformidad con lo que sabemos, pareciera que para emular eficientemente la plasticidad nerviosa tendríamos que emular muy de cerca hasta estructuras subcelulares.
Todavía nos queda otra suposición, que a menudo no se declara, que da credibilidad a la ideología de la autonomía y que debería ser desterrada. Esta afirmación es que la neurociencia, por el hecho de tratar de comprender el aparato físico –el propio cerebro– no produce teorías de organización funcional. Hemos visto cómo la distinción funcional/ estructural no apoya la idea simplista de que la psicología hace análisis funcional y la neurociencia análisis estructural, y que debe haber muchos niveles de organización entre el nivel unicelular y el nivel en que trabajan la mayoría de los psicólogos congnoscitivos. También es importante enfatizar que cuando los neurocientíficos se interesan por el problema de cómo las neuronas logran almacenar información, o cómo la asociación de células logra el reconocimiento de patrones, o cómo logran producir control sensomotor, están interesados en la cuestión neurodinámica –concerniente a la información y de qué manera el cerebro la procesa–. Al hacerlo, están metidos hasta las orejas en teoría y, lo que es aún más chocante, en teorías sobre representaciones y computaciones. Si las representaciones postuladas no son tipo enunciado y si las transformaciones postuladas no se parecen al razonamiento, esto no quiere decir que la teoría no es teoría funcional, o teoría real, o pertinente a teorías de alto nivel. La existencia bona fide de teoría neurofuncional es quizás la refutación mejor de esta suposición.
Mi conclusión general es, pues, que es supremamente ingenuo asumir que sabemos qué nivel es funcional y cuál estructural, y que las neuronas pueden ser pasadas por alto mientras avanzamos en la especificación funcional de la mente-cerebro....
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NOTA 1 La palabra "reduccionismo" se emplea en filosofía de la ciencia para referirse al intento de demostrar que una ciencia particular puede derivarse deductivamente de otra ciencia más general. En ese sentido, la astronomía de Kepler fue reducida a la física terrestre gracias a la obra de Isaac Newton. En el texto que sigue la palabra "reducir" aplicada a una disciplina científica (la psicología, por ejemplo) no significa "hacer de menor tamaño" sino demostrar que sus leyes son casos particulares de una ciencia fundante más amplia (por ejemplo la neurobiología). Consúltese al respecto el texto de Gutiérres & Brenes en el capítulo tercero de esta colección. Nota del editor.
NOTA 2 En el juego de ajedrez. Nota del editor.
NOTA 3 Tanto peor, en francés. Nota del editor.