Temí a Nueva York,
la indefensión y anonimato;
vos me enseñaste a amarla
y aceptar ambivalente
el ser autónomo y solo.
Ciudad de hierro y vidrio,
comprimida y disparada hacia arriba.
Ciudad de espejos verticales,
sus edificios reflejan al mundo.
Manzana incandescente
en pedestal de granito,
no bastó para sostener tu dulce peso
el día que –traspiés premonitorio–
besaste el suelo para despedirte.
Ciudad de percherones y
taxistas,
juglares y pordioseros,
tiendas "por cita" y ventas callejeras,
artistas y hombres de negocios.
Ciudad de judíos e hispanos,
negros y chinos. Ciudad cósmica,
sede de Naciones Unidas,
centro del comercio del mundo,
escenario del Juicio Final
de nuestro matrimonio.
Creí no poder volver, pero estoy aquí.
Copyright © 1997 Claudio Gutiérrez