
A los costarricenses nos gusta la idea de
que nuestro país es diferente de otros países de
América Latina. Pero ¿qué es lo que podría haber de diferente aquí con respecto a esos otros
países? He aquí una explicación de sobremesa, simplista aunque básicamente correcta, que me
agrada presentar a visitantes del extranjero.
Había una vez una selva primaria, húmeda y sin nombre, en el pequeño centro de una gran cruz
formada por dos inmensas masas de agua (NE/SO) y dos inmensas masas de tierra (NO/SE).
Las dos masas de tierra estaban pobladas por dos poderosas culturas: Mayas al NO e Incas al SE.
La selva sin nombre, interpuesta entre ellas, funcionaba como "tierra de nadie" o parachoques entre dos
grandes imperios que no querían pelear entre sí.
Las dos masas de agua (Océano Pacífico y Océano Atlántico) producían cada año, bajo el sol
tropical, enormes nubarrones que chocaban sobre la selva sin nombre interpuesta entre ellas. Se
producían así regularmente lluvias torrenciales que fecundaban la "tierra de nadie" con feracidad
inaudita.
Un día desembarcaron en la selva feraz unos españoles muy valientes que la recorrieron varias
veces, de mar a mar. Los rapaces de entre ellos decidieron que la selva húmeda sin nombre era un
lugar espantoso: no tenía ni oro ni plata, ni poblaciones concentradas en grandes ciudades a
quienes explotar bajo el pretexto de salvar sus almas. Desilusionados, se marcharon hacia otros
parajes, al norte y al sur, donde según se cuenta encontraron lo que andaban buscando y sus
descendientes viven todavía hoy felices y contentos.
Unos pocos de entre ellos, sin embargo, los
que amaban trabajar con sus propias manos y aborrecían explotar a los demás, se enamoraron de
la tierra feraz y sentaron sus reales
en la húmeda selva
de nadie que pasó entonces a ser de ellos
con el sudor de sus frentes.
Este grupo de fundadores, seleccionados naturalmente por su dedicación al trabajo, a la paz y al
individualismo, creó con el tiempo una nación dedicada a la libertad, la igualdad y el respeto de
los derechos del hombre de la cual estamos muy orgullosos los costarricenses. A ella han sido
atraídos muchos nuevos colonos de todas las etnias que, como los padres fundadores, aman la
naturaleza y prefieren el trabajo honesto a la rapiña y la explotación de otros seres humanos.